viernes, 22 de julio de 2011

Madrugada.

Tus muslos nevados
serán palabras abiertas,
y sentirás en mi lengua trémula
algún pecado quemándose.

Y en ellos habitan las ganas contenidas,
ardiendo agitados
y con los dedos dibujándose.

Con la piel diremos todo y nada,
y el sudor correrá
como tiempo asustado.

Y sobre la espalda probándote,
apenas mordiendo suave,
provocando un mar de gemidos.

Cantaremos una guerra
de cuellos y bocas,
manos y cabellos,
pieles y sábanas
perdidas en sí mismas.

Y en los labios beberemos fuego líquido,
lamiéndonos con descaro
y con las lenguas enredadas
en besos deshilachados.

Que la saliva sea
el idioma modesto
con el que hablemos
boca a boca.

Que la carne palpite en sonidos estrechos
y horizontes escondidos
entre sus deseos.

Y nuestros cuerpos se volverán agua
en una caricia última,
despidiendo un aliento
de orgasmo tibio,
húmedo,
denso.

Y nuestras pieles temblarán abrazadas
en una embestida íntima,
latiendo caricias vivas.

Seremos un sueño de pupilas exactas,
pisando la pérfida tela
de una madrugada
que se irá desnuda
y sin nosotros.

Seremos deseos encendidos,
sembrándose con sabores turbios,
descubriéndose cada noche
una y otra vez.


@eduardomagomi y @Elecktrapink

viernes, 15 de julio de 2011

Existimos.

I

Ella era una puerta a media luz,
abierta al tiempo,
cerrada al mundo.

Él era hoja vibrando en el viento.
Palabra ausente
quebrada de miedos.

Ella era saliva de futuro
en una boca seca,
un palacio arrestado
en casa de nadie.

Él era horizonte
atrapado en sus espejos.


II

Ella es una infinitud de esperas hermosas,
tras una distancia cayéndose a momentos.

Él es la noche que me muerde la vida.
Y en la boca escribe deseos.

Ella es la noticia gigante
que dobla los vientos
y los hace cantar

Él es la lluvia en la que me desbarranco.
En la que me ahogo.
En la que existo.



Ella será la verdad de mis madrugadas,
la tela de mi cuerpo doncel
que le teme a la boca del frío.

Él será el camino que recorra mi cuerpo.
Una vida.
Un sendero.
Un aquí.

Ella será un abrazo de luna,
un borde de día inacabable,
una novela de siempres.

Él será una caricia.
Un canto nuevo.
Un futuro de puertas abiertas.


III

Soy un camino nuevo,
ella me fundó.

Soy una noche dormida.
Él me despertó

lunes, 11 de julio de 2011

Sueño

I

No era yo el que dormía,
era el tiempo de mi cuerpo,
mis ojos mojados de búsqueda,
mi mirada encontrando tus aguas.

Vestías de un azul muy tuyo,
ese azul que suena a pensamiento recitado por tu voz.
Y una provincia de tu piel, estaba pobre de telas.

Te vi de espaldas, yéndote con el sol,
y tu mirada era una linea infinita,
que deseaba ser jugada
y cantada.

Tu larga cabellera siendo telón
del espectáculo de tu espalda desnuda,
de piel de luna con pecas y lunares floridos.

Me acerqué sin creer mis pasos,
con miedo de parir algún ruido
y despertar la arena de la playa donde yacías parada,
arena que en su mirada te hacía escultura.

Me acerqué hasta olerte la espera,
mi lengua discernía tu sabor a trémula fruta,
te abracé como quien abraza un tiempo de oro,
un instante precioso.

Besé tu cuello, primero con aliento,
con mi aire caliente y húmedo,
con el aire con el que cocino las palabras.
Y con mis labios abiertos de hambre larga,
te mordí minimamente la curva de tu cuello a tu hombro.
Dijiste un pequeño movimiento
y sin ver tu cara pude sentir tu boca abierta.

Mis manos enjaularon tu ser en un apretado deseo,
viajaron tu pecho como turistas perdidas.
Mientras tu pelo dibujaba amor en mi olfato.

Volteaste a mirarme y tus ojos me amaron el rostro,
te besé los labios, los mordí como espuma,
las lenguas se dijeron salivas sordas.

El sol nos dejó solos,
y la playa nos pintaba los pies de olas modestas.
El viento parpadeó y tu vestido se derrumbó,
y tu vida de notoria piel llovizna quedó celeste ante mí.
Tus pechos mirándome benditos de ti,
con su vestido de piel lechosa, nevada, diáfana.

Te dejaste caer en la arena,
cerraste los ojos,
y yo oteando tu inmensidad,
salí de la cárcel de mi ropa,
te besé hasta que fuiste mi boca,
te toqué hasta que mis manos se sembraron,
entré a tu cuerpo, hasta que mi cuerpo dejó de ser mío.

Y la noche se iba haciendo a punta de nuestro tiempo,
y una luna con medio misterio se iba adelantando,
y unos vientos arrugados pasaban de largo,
haciéndose los ciegos.

Fuimos todos y fuimos uno.
Fuimos un universo siendo Dios, y un Dios siendo cuerpo.
Una vida siendo infinita,
y un infinito siendo feliz.

II

Desperté y mi boca aún es casa de tu sabor,
en mis manos me traje tus pecas y un beso mordido,
tu olor aún está en mis cejas, en mis mejillas y en mi pecho.

Y el sueño sigue estando adentro, real y justo.



Inspirado en Alma. @Elecktrapink

domingo, 3 de julio de 2011

Seis


I
Miro el gris pesado de la nube,
es un gris bonito y difícil,
casi bordeado de un supuesto sol
pobre e incapaz de tocarme.

Llueves.

Las gotas de ti, me van bañando.
Gotas que brillan en colores tibios,
fríos, planos y ciegos.
Gotas de caricias tuyas,
gotas de distancia
muriéndose en mis manos.

Hueles a este momento,
te pienso desde el sol que te está lamiendo la piel.

II
Tengo frío, quiero a tu larga cabellera
diciéndole
hola a mi pecho,
señalando mis manos,
acusándolas de tiempo.

En esa gran nube decidida,
cabalga tu voz de pétalos azules,
de sabor a México paciente,
va nadando
mientras deja caer su ropa.

III
Mis ojos te están haciendo,
estás en un parque sentada y miras a un árbol.
Sonríes casi sin moverte,
suspiras sin que suene tu aliento,
me estás queriendo.

Estás sentada en el parque,
con ojos inconclusos
que van llenándose levemente de mi color,
estás sentada conmigo, estás desnuda de ti.

Luces paz adornando tu cuello,
y en tus mejillas fantasmas de besos,
que esperan mi saliva para crecer.

Te estás tragando el sol
y sabe a grueso,
tus ojos se deshilan
en un marrón que quiere verme.

Me vas haciendo con tus labios,
me vas pintando la boca color lengua.
Pausas la mirada para detallar mis cejas,
dices mi nombre y me escapo
siendo un cuerpo etéreo.

IV
Aquí son las lluvia en punto,
y te estoy queriendo.

Estoy sentado en un charco,
mirándote en el agua,
tragándome tu imagen de a poco.
Estoy oyendo como parpadeas y me quieres,
estoy oyendo tu sangre
siendo corriente lenta y musical.

Estoy vestido de agua,
agua que no me viste todo,
agua que quiere ser mi cuerpo,
agua que quiere entrar
y usurpar mi forma.

Soy unos ojos sin brazos que te miran gritando,
sin tener casa de donde salirse,
mordiendo una molesta separación de aire.

V
Estás sentada en el parque,
escribiendo tu boca en una nube.
Estoy sentado en el charco,
mirándome a los ojos, buscando tu boca.

Estoy sentado en tu cuerpo,
que está sentado en un parque,
que está sentado en el charco.

VI
Y la lluvia sigue siendo trozos de tiempo,
cayendo miles de veces.


Para Alma.

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